Un año de trabajo de la Cruz Roja Seccional Santander y las comunidades vulnerables de Barrancabermeja

Por: Carolina Chaparro

En el 2015 la Cruz Roja Colombiana y Alemana con el apoyo del Ministerio Federal de Cooperación y Desarrollo -BMZ- por sus siglas en ingles, lanzaron el proyecto “Fortalecimiento de la resiliencia de las comunidades vulnerables en el Municipio de Barrancabermeja” el cual busca apoyar el proceso de paz y la construcción de estructuras municipales resilientes. El propósito es lograrlo mediante la promoción de la reintegración social y económica de las personas desplazadas en las comunidades urbanas de Barrancabermeja, enfocándose así en los barrios Pablo Acuña y Villa Aura, ubicados en la comuna 7 y el barrio 22 de Marzo que se encuentra en la comuna 3.

Barrancabermeja al igual que muchas otras ciudades del país suele irse a los dos extremos del espectro de la pobreza y la riqueza. Estos tres barrios no aparecen en los folletos de turismo que se entregan en los hoteles, porque estas comunidades no se vieron beneficiadas por la abundancia de las regalías que solían llegar al municipio. Es por esto, que estas comunidades urbanas siguen bajo construcción autónoma.

Estos barrios iniciaron como invasiones y se formaron bajo la  sombra del terror que cubría la región del Magdalena Medio, uno de los territorios más afectados por los males de violencia de finales de los 90’s y principios del milenio.  Los habitantes de estos lugares padecieron la ansiedad, inseguridad y pérdidas de miembros de la comunidad por la presencia de grupos armados al margen de la ley.

Así lo recuerdan en el barrio 22 de marzo donde el hurto de gasolina, la lucha por los lotes con grupos al margen de la ley y la pérdida del presidente de la junta de acción comunal, el cual tenía tan solo 17 años afecto a toda la comunidad. Asimismo, en el barrio Pablo Acuña aún sienten la ausencia de Yorledys Caray y Susan Consuelo Díaz. La historia es muy similar en Pablo Acuña donde muchas familias tuvieron que dejar el barrio debido a la peligrosa situación, pues en esa época en Pablo Acuña solían atracar en las vías y llegaron a quemar 3 casas.

Pero a medida que el país en general empezó a sanar las heridas de esta época, de igual manera lo tuvieron que hacer estas comunidades que se levantaron de los escombros y cicatrices que habían dejado estos años violentos.  Así fue como con entusiasmo cada barrio empezó a explorar sus recursos y dio inicio a nuevos negocios. De esta manera lo recuerda uno de los beneficiados por el proyecto, el señor Timoteo Estrada Díaz, quien llegó al barrio en el 2006.

“Cuando nosotros llegamos al barrio esto era solo. Esto era un montaña, acá no habían casi casas, esto era puro monte  y como a los dos años de estar aquí  la gente empezó a llegar y a invadir por un lado y por el otro. Entonces ahí fue cuando el trabajo mío empezó a cambiar porque yo antes iba a la finca traía mango, coco, pescado y venía y vendía aquí. Pero la señora se me enfermo, entonces pensamos en que nos iba a tocar irnos, porque no se podía hacer nada.  Entonces, un día a la señora le dio por sacar 20 empanaditas y se vendieron y la gente decía que estaban sabrosas y como ya al mes hicimos 50 y se fue vendiendo, hoy estamos vendiendo 250 empanadas.”

El proyecto ha servido no solo para crear nuevas oportunidades, sino que también les ha dado impulso a las personas que lo habían perdido. Este es el caso de la madre cabeza de familia Ana Victoria Cárdena Rojas.

“Este proyecto me ha beneficiado muchísimo en lo personal. Cuando ellos me ayudaron con el refuerzo de la tienda me dieron el valor de 700.000 pesos para poder abastecerla, porque el problema es que yo tuve una enfermedad y no me permitió trabajar bastante tiempo. Entonces, la tienda se me había ido yendo como para el suelo, por lo que durante ese tiempo no tenía casi recursos y gracias a la Cruz Roja pude echar para adelante”.

Los funcionarios y voluntarios de la Cruz Roja han trabajado de la mano de los líderes comunitarios para mejorar las condiciones y oportunidades de las personas que viven en estos barrios. Hasta la fecha se ha contado con la participación de 12 voluntarios, 6 funcionarios y 3 pasantes. Los cuales han trabajado para poder llevar a cabo las actividades que hasta el 2016 beneficiaban a 2.448 personas.

Gracias a estas mismas personas en el proyecto se han realizado 43 actividades. Entre las que se destacan la clínica del barrio en donde se habla en las comunidades acerca de temas de promoción y prevención de enfermedades de transmisión sexual, riesgo cardiovascular y buenos hábitos alimenticios, entre otros.

Por otro lado, también se ha trabajado de la mano con el ICBF, en los talleres de red moderna en donde se lleva a cabo una estrategia para crear entornos protectores de niños y niñas. Por último, la sensibilización frente a vectores se basó en identificar los puntos donde se encontraban llantas abandonadas, tapas y otros elementos que pudieran ser potenciales criaderos de mosquitos para de esa forma evitar el criadero de los mismos en las comunidades.

El apoyo que ha prestado la Cruz Roja Colombiana y Alemana junto al Ministerio Federal de Cooperación y Desarrollo alemán, no solo ha sido económico, sino que también se ha realizado una labor educativa importante con los habitantes de los tres barrios. Educar a las comunidades vulnerables es un trabajo que va de la mano con los esfuerzos económicos que han hecho estas entidades, pues un colectivo que entiende las responsabilidades individuales que tiene con su entorno puede llegar a lograr un cambio y una mejoría mucho más efectiva y duradera en su barrio.

Es por esto que este proyecto busca no solo crear oportunidades, sino formar líderes y comunidades más unidas y sanas. Para la Cruz Roja es de vital importancia las capacitaciones y los talleres que puedan ayudar a promover la cohesión de las personas, el conocimiento y la prevención de acciones que puedan resultar perjudiciales para los habitantes de estos barrios.

De igual manera, todos estos aspectos resultan significativos para sus habitantes como lo asegura  María del Carmen García Agudelo quien afirma que “en cuanto al aspecto humanitario sería excelente que trabajáramos más en la unidad, pues nos hace falta aprender a trabajar más en equipo, porque me he dado cuenta que hay mucho individualismo”.

Por esta razón darle herramientas a las personas para que aprendan a desenvolverse con lo que tienen es muy valioso, ya que crea ese sentido de comunidad y unión, que no solo mejora la convivencia entre las personas, sino que articula los esfuerzos individuales de cada uno de los habitantes del barrio para llevar a cabo acciones que vayan en pro de la comunidad entera.